LA PÓCIMA MÁGICA

 

 

El pasado 23 de octubre celebramos en nuestra sede de Escuelas Católicas el primero de los tres talleres actualízate, donde pudimos disfrutar del saber hacer del gran comunicador Antonio Reina Chamorro. Con una asombrosa capacidad para contagiarnos el humor y la profundidad, al mismo tiempo, supo conectar con nuestra vocación docente y despertar en nosotros las ganas de ser mejores educadores.

 

Habituado a trabajar con chicos difíciles (cuenta que él también lo fue), Chamorro, como prefiere ser llamado, nos contó su «receta» para trabajar con los jóvenes. Los ingredientes son los siguientes:

 

– En primer lugar, el Reconocimiento. Hay jóvenes a los que sólo nos dirigimos para resaltar lo que les falta, lo que no hacen bien. Señalar y connotar lo bueno que el otro tiene provoca un efecto multiplicador que invita al chico a querer repetirlo, algo que sube su autoestima. No sólo necesitamos quererlos, sino hacerles saber de forma explícita que es así.

 

– En segundo lugar el Humor, que el autor define como la distancia más corta entre dos personas. Provocar buenos momentos con nuestros alumnos nos acerca a ellos y se crea más complicidad que muchas charlas que les damos. El humor deshace las situaciones más trágicas.

 

La confianza es el tercer elemento. Confiar en nuestros alumnos es el camino opuesto al miedo, que lleva a la sobre protección. Hemos de trasmitir a nuestros alumnos que ellos van a poder conseguir sus objetivos y por eso nosotros, lejos de ponerles las cosas más fáciles les exigiremos todo lo que puedan dar. Para ellos es fundamental que existan normas y límites.

 

La vulnerabilidad del profesor/maestro. Lejos de dar una imagen lejana y perfecta, mostrar nuestras debilidades, contar nuestras biografías, compartir algo de nuestra persona, nos acerca a ellos convirtiéndonos en referentes para sus vidas.

 

El ponente terminaba su intervención insistiendo en dos elementos importantes: la velocidad del adolescente (tienen otros tiempos y lo quieren todo rápido) y la invisibilidad de los resultados a corto plazo (a veces no vemos los frutos de manera inmediata). Si los educadores no amamos el proceso, si no estamos ahí de manera paciente no disfrutaremos de la gran tarea de acompañamiento que traemos entre manos.

 

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